Luego de ver la segunda parte (que en realidad es primera) de
El Planeta de los Simios, que corroboró científicamente mi teoría sobre los orígenes del lenguaje, estoy en condiciones de afirmar y postular que la primera palabra enunciada por un ser humano (acompañado) ocurrió en una situación de estrés extremo, de displacer, de peligro, de terror, de muerte: fue la sílaba que traducida a nuestro idioma significa "no". A nadie se le ocurriría hablar si se encuentra en estado de soledad, paz y esparcimiento (onanismo).
Desde aquel entonces las palabras fueron encadenándose, una trajo a la otra, cada cosa nombrada fue recortada de su realidad hasta que un día algunos se dieron cuenta de que el lenguaje es una forma elegante de mentir, tergiversar y acomodar la realidad para aquellos bienaventurados que dominan a los demás.
Como siempre, tengo la fea costumbre de redactar introducciones a los posts, que pecan de largas y/o aburridas y/o imprecisas, una especie de foreplay erodialéctico, una prueba iniciática de lectura para acceder al resto del texto, querés ir al grano, antes un poco de bora bora y/o tacto rectal.
Hoy voy a celebrar el bienestar que produce el eufemismo en nuestras pobres e hipotecadas vidas.
Estoy de acuerdo con que no solo no hay que discriminar a los que le falla algo sino que hay que suponerlos superiores.
¿Ciego suena feo? No vidente suena acéticamente acertado.
Pero poner un no delante da un adjetivo "positivo", resta. ¡Mpf!
Discapacitado es igual a no capacitado. Oquei, el ciego no está capacitado para ver pero no es sordo ni mudo y además camina.¡Cásputa!
Decir enano no está nada bien, mejor digamos ¡pijudo!
Ser discapacitado es no estar capacitado (para nada), mejor digamos que tienen CAPACIDADES ESPECIALES!
Un sordo, ¿qué capacidad especial tiene? pues, hipersensibilidad dactilar.
¿Y un mudo? mmm, ser amo de sus silencios y no esclavo de sus palabras.
¿Y un paralítico? ¡ah, no no no! con los lisiados no te metas que hay cien millones de variantes.
Y qué me dicen del atleta cojo (léase rengo) que se puso unas piernas ortopédicas (lo lamento, no pude suavizar esta palabra) y corre más rápido que un sipédico (que tiene las piernas de nacimiento).
En el semáforo de Figueroa Alcorta y Sarmiento hay siempre un mendigo (bien vestido y limpio) que tiene los brazos hasta el codo no más (que conste que dije brazos hasta el codo y no sin manos ni antebrazos). Se cuelga un bolsa del cogote y manguea exhibiendo los muñones y yo me pregunto cómo realiza todas tus necesidades fisiológicas: me imagino y me da terror. Alguien debe ayudarlo, será supersexual (antes gay, antes homosexual, antes puto del orto), seguramente (y él también: eso es tener capacidades especialísimas).
Showmatch, el programa de TV más visto de la Argentina (pueblo diminuto de Blogoslavia del Norte) representa a nuestra sociedad de superpoderes y capacidades especiales al validar como standard social ("lo normal") a mujeres que se desnudan y desbocan por un pito que no consiguen porque los hombres de ese programa (mundo) son vaginofóbicos (bailarines), metrosexuales (entran y salen del closet frenéticamente) y gente de altura especial (enanos).
Todo esto bajo el paraguas legal de un jurado de homosexuales y gatos viejos que imparte justicia tan coherentemente como un plato de fideos a la bolognesa.
Por orto lado tenemos al modernísimo matrimonio igualitario al que le da igual quiénes se casan. Así obtenemos felices resultados sociales tales como hombre con perro, mujer con plancha y palo de amasar (mènage á trois) y risueñas consecuencias como que un travesti adopte hijos (aversión a a los infantes).
Ya estoy mareado, los capacitados especiales nos rodean, esa es su táctica: marearnos. Yo por eso os digo:
¡cuidado, chaval, cuidado!, ¡a por la pared el culo por las dudas!